Augusto [1]
Definitivamente la oportunidad de participar en itam música marcó mi estancia en la institución para bien. Yo me divertí muchísimo participando y siempre agradecí la apertura con la que me recibieron. Toqué con todos los que pude! En general el ambiente creativo de itam música estaba marcado por la proyección nutrida de personas de todo el país más la incorporación activa de personas de otras partes del mundo, sobre todo, europeos que llegaban a la institución. Yo toco la batería y en el itam probé con un acercamiento mucho más vinculado a una idea general de las percusiones por razones que espero poder expresar.
Toqué primero en el proyecto de música popular de Irving Vasquez y ahí conocí a amigos con los que todavía tengo contacto. (Me gustaría hacer una lista de nombres pero creo que sería mejor mantener las referencias mínimas.) Me acuerdo de la primera vez que toqué con ellos. Siempre me gustó ese ánimo de auto selección. Llegar y ver los talentos estéticos de la comunidad. Ese primer día llegué sin instrumento pero Irving había llevado unos bongos. Tengo presente la sensación agradable de improvisar un poco sobre un pedazo del claro de luna de Beethoven tocado en piano y yo en los bongos. Muy buenas experiencias de ese proyecto. Recuerdo con cariño nuestra versión de Siguiendo la luna de los Fabulosos Cadillacs.
Esa primera experiencia también me sirvió para percibir el rigor y el impulso estético que el profesor de guitarra Luis Robert generó en sus alumnos. Alejandro Aguirre, que estuvo en el proyecto de música popular todavía recuerda al profesor Robert con mucho admiración. Para Iván Tzintzun el profesor fue un gran impulsor estético. Recuerdo las tardes de viernes en el departamento de foráneo de Iván mientras él sorprendido con su guitarra me mostraba las progresiones armónicas que iba descubriendo en el instrumento.
Con Iván también llegué a tocar, sobretodo en un ambiente muy íntimo con su grupo de amigos en aquel departamento (obviamente recuerdo con afecto). En el itam, Iván y yo por lo menos tocamos con dos alineaciones: en una de ellas estábamos Iván, Sasha (un chico ruso muy despierto que tocó en varios de proyectos activos cuando él estuvo en el itam) y yo, y en la otra estabamos Iván, Antoine (un chico francés muy amable) y yo. Con esta última alineación tuvimos la suerte esporádica de tocar en el inicio de lo que terminó siendo una fiesta en una de las casas de extranjeros del itam. Antoine vivía ahí, estábamos tocando sin interés particular y de repente comenzó a llegar gente. Fue muy divertido!
Desde el principio y en todos los momentos de esta experiencia por una u otra razón estuvo presente como organizadora o como músico Nallely Vásquez. La mano derecha de Mansur en aquella época. Chica sonriente que siempre buscaba comunicar apoyo a los diferentes miembros.
Un día, a uno de los ensayos con el ensamble de música popular llegó el profesor Mansur con su acostumbrada sonrisa y me comentó que en el salón de usos múltiples se estaba formando otro grupo de jazz pero que sólo eran dos personas, un saxofonista y un guitarrista. También recuerdo con apego ese primer acercamiento. De hecho, tengo más en mente la perspectiva de Oscar Nevares, el saxofonista. Él estaba practicando un estándar que yo casualmente en ese tiempo tenía bastante presente: Four que yo conocía por el cuarteto de Miles Davis de los 50's. Desde la perspectiva de Oscar, llegué yo, no lo interrumpí, armé las cosas que llevaba y sin decir mucho comencé a tocar con él. Siempre se ríe Oscar cuando cuenta ese momento.
El ensamble de jazz era liderado por Sergio Galindo. Interesantemente él terminaría migrando a Eua para estudiar música en Berklee. Pronto el ensamble de jazz dejó su referencia nominal inicial para volverse en los Aristogatos nombre que adoptamos por iniciativa de Sergio. Con ellos fue con quienes más toqué en el itam. Varios de ellos siguieron activamente su interés estético e incluso me da la impresión retrospectiva que motivaron sin querer para que otras personas vieran como un camino factible y agradable la participación en el marco de interacción ofrecido por itam música. Con ellos tuve el privilegio de participar en la vida estudiantil de la comunidad del itam. Tocar en las fiestas de fin de semestre, por ejemplo. Tocamos en un par de ocasiones en el creo ya extinto Bulldog café y otro par de ocasiones en fiestas más pequeñas. Con ellos nos dimos libertades creativas muy divertidas. Incluyendo la posibilidad de tocar varias veces en la plaza roja. Experiencia que pude compartir con varios grupos pero que en un inicio fue iniciativa de Sergio y del profesor Mansur. Los Aristogatos se volvió un grupo muy cercano y creo que se transmitía eso al público. Público que también se sentía parte del grupo por la amistad que compartía con los miembros. Alex Ellis Icaza, la vocalista, siempre transmitía mucho cariño al entorno del itam.
Después, y de esto no tengo claro recuerdo de cómo pasó, el profesor Mansur me invitó a tocar en la camerata del itam porque tenían pensado hacer arreglos de música mexicana y se le hizo buena idea agregar percusiones. Cosa que también le sacaba sonrisas al profesor Mansur al decir: "somos una camerata con sección de alientos y con un baterista!" De esta experiencia por supuesto que guardo muy buenos recuerdos. Nunca había tocado con violines, nunca había tocado con director de orquesta. La verdad siempre fueron muy comprensivos conmigo y aprendí mucho, pero sobre todo lo disfruté. La camerata me regaló la oportunidad de tocar en dos de los escenarios más llamativos en los que lo he hecho: en el museo nacional del virreinato de Tepotzotlán y en el castillo de Chapultepec. Recuerdo con agrado subir cargado en el pequeño cerro del castillo la parte de la batería con la que iba a tocar, un cajón flamenco que también iba a usar y un tapete que le pedí a mi mamá para no tener problemas con el piso de mármol del salón del palacio.
Uno de los directores de orquesta con los que me tocó participar, Pablo Martínez, en una ocasión nos invitó al ensayo de la orquesta sinfónica nacional en Bellas Artes, de la que él era miembro, cuando iban a tocar con Itzhak Perlman en un concierto privado para recaudar fondos. Un gesto simbólico que hacía pensar en el proceso estético de los grandes interpretes del siglo xx. La camerata siempre fue un espacio en plena construcción. Cada semestre llegaban nuevos integrantes, mexicanos y extranjeros, y siempre estaba presente la exigencia estética que los instrumentos clásicos de cuerda imponen. El tratamiento de los detalles, el tacto, el sentido estético de la interpretación desde el nivel más básico a uno más avanzado. También recuerdo el tacto humano con el que la profesora de violín enseñaba a sus alumnos y la importancia de su participación en la formación completa de la camerata.
Disfrutaba mucho tocar en los conciertos conjuntos de la camerata con el coro del profesor Salvador Guizar. Recuerdo con afecto las interpretaciones de la música mexicana de la época de la revolución y la perspectiva que tenía siempre desde la esquina izquierda del escenario del auditorio del itam lleno en el concierto de fin de año.
En general, mi paso por itam música me hizo conocer mejor el instrumento. Yo toco desde la secundaria la batería y tocaba mucho con un grupo de amigos durante la preparatoria pero lo hacía con una batería completa, con instrumentos con bocina y tocando con una dirección cercana alguna versión del rock, y en el itam, todo fue mucho más acústico. Con los Aristogatos, por ejemplo, solíamos ensayar a la hora de la comida en uno de los salones que se encuentran en el pasillo techado que va hacia una de las puertas del estacionamiento. Curiosamente en el salón donde tomé mi primera clase de matemáticas en el itam. Son salones hechos para amplificar el sonido. Eso definitivamente marcó mi relación con el instrumento por años. Eso y el hecho de que tenía que minimizar la carga de los instrumentos. Llegué a adoptar un ánimo minimalista. Sólo tocaba con la tarola, los contratiempos y un platillo más. Mi relación con la camerata funcionó en parte por eso. De hecho con la camerata ese hecho se amplificó porque con la referencia del director de la orquesta siempre estaba presente el control del sonido. Yo disfrutaba muchísimo de esa experiencia colectiva de concentración activa y creo que hacía que mi presencia fuera agradable para los demás. Recuerdo cómo los miembros del coro, en particular una profesora de matemáticas de la que no recuerdo el nombre, a manera de broma amable me decían en los ensayos conjuntos de la camerata con el coro: "y ahora con qué juguete nos vas a sorprender?" Llevaba pocos tambores pero aprovechaba mucho las baquetas que tenía (unas delgadas, unas escobillas, unos baquetones, una cadena improvisada, sonajas, etcétera). A juicio de un compañero de aquella época que llegó a ir a uno de esos conciertos, a veces para el público era casi imperceptible lo que yo tocaba. Pero en el escenario me parece que sí generaba cierta sensación de profundidad contemplativa. Era una experiencia muy interesante! En suma entré con una manera para tocar y salí con una perspectiva del instrumento y en general de la música más madura!
Además tuve la oportunidad de participar en el inicio del uso del edificio del hospital militar con la camerata y también con el ensamble liderado por Jorge Alain García Chavero y por Jorge Lagunas. Con ellos también llegué a tener muy buenas experiencias. Ambos tocaban en la camerata. Tocamos en uno de los jardines y enfrente de la librería, por mencionar dos lugares atípicos. Incluso llegamos a tocar un sábado a medio día con la participación del director Pablo Martínez con su violín en el pequeño escenario de Plaza Altavista.
Ellos, sobre todo Chavero, crecieron muchísimo como músicos mientras participaron en itam música. Siguen tocando juntos.
Para ese momento ya había muchísima más participación. Del proyecto de Irving en el que apenas se veía intención a la época liderada por Chavero sí hubo mucha más participación sobre todo de los nuevos talentos que ya percibían más actividad colectiva de itam música. El acto colectivo de participación generaba dinámicas que hacían que más personas se unieran al proyecto. En ese tiempo, el profesor Mansur tuvo el tino de contratar a un profesor de guitarra eléctrica para organizar los nuevos grupos que ensayaban en el edificio de Marina. Desde que comencé a participar hubo diversidad. Recuerdo con cariño el grupo con el que alternábamos en la época de los Aristogatos, por ejemplo, un buen grupo de rock. A la mente se me vienen varias referencias de personas que siempre andaban por ahí tocando o sólo conviviendo. Pero en la época en la que se comenzó a usar el espacio del hospital la amplitud se notó.
Quizá el último dato curioso que en este momento recuerdo refiere a una ocasión en la que nos juntó a varios el profesor Mansur sin decirnos mucho más para pedirnos que tocaramos un miércoles a las 11 del día o una cosa así. El motivo era tocar un par de canciones para don Alberto Balleres y otros miembros de la junta directiva en el auditorio del itam. Tocamos como representantes de itam música, don Alberto nos dirigió unas cuantas palabras, nos aplaudieron y salieron todos.
A modo de conclusión podría señalar que sí existe talento estético en el itam que quizá no respondió y no responda de la misma manera que yo frente al criterio de auto selección. Varias reflexiones estéticas que desarrollé en el itam continúan acompañándome. La oportunidad de participar a través de la música en la vida de la comunidad del itam es algo que agradezco mucho. Para mí, itam música fue un componente fundamental de la comprensión de la estructura filosófica de mi educación en la institución. Fue un elemento palpable del interés compartido por la universalización del conocimiento.